¡La madre que los parió!

Puedo entender cuando alguien me critica que la mecánica cuántica parece no tener sentido (aun y cuando existe extensa evidencia de la efectividad de las leyes que la describen).

Puedo respetar que a muchos se les haga difícil comprender que la teoría de la evolución implica que somos el resultado de mutaciones, errores, que a veces ocurren cuando el ADN se duplica (aún y cuando, esta teoría, a servido de cimiento para el fomento de todo el conocimiento que los humanos tenemos sobre biología y genética, entre muchas otras disciplinas).Entiendo lo chocante que es pensar en la teoría de la relatividad; que el espacio-tiempo se curva con la masa; que los agujeros negros curvan el espacio sobre si mismos; que el tiempo es relativo y depende del marco de referencia. Pero sin ella, no existiría el internet, los celulares, la pantalla plana donde ves lo juegos de las Águilas o del Barça, los GPS, la máquina de resonancia magnética que nos permite ser proactivos ante enfermedades tan graves como el cáncer. Nada seria igual sin esta teoría.

Es difícil aceptar que algo, lo que sea, pueda aparecer de la nada. Y sin embargo, parece que así es.

La verdad es que el universo ha resultado ser un lugar muy extraño. Lo reconozco.

Pero, aun y así, se me hace imposible entender como alguien puede, tan siquiera, contemplar la idea de ser cristiano.
En pocas palabras:

La creencia de que un zombi cósmico judío, que es su propio padre y nació de una madre virgen, puede hacer que vivas eternamente si te comes su carne simbólicamente y telepáticamente le dices que aceptas que él sea tu salvador, ya que él puede eliminar una fuerza diabólica, que él mismo impuso, que está presente en el alma de toda la humanidad, porque una mujer-costilla fue convencida por una serpiente parlante para que comiera de un árbol mágico…

¡Eso si que tiene sentido!
¡La madre que los parió!